Monitorización
Depende de si el linfoma no Hodgkin (LNH) es agresivo o indolente y de la histología, la estadificación y la capacidad de respuesta.
En general, se debe examinar y controlar a los pacientes antes de cada ciclo de quimioterapia, con hemograma completo (HC), perfil metabólico básico, pruebas de función hepática y lactato deshidrogenasa (LDH) sérica.
Los parámetros de laboratorio, incluido el HC con diferencial, se monitorizan habitualmente para detectar neutropenia grave (recuento absoluto de neutrófilos <500 células/microlitro [<0,5 x 10⁹/L]).
La reestadificación con tomografía por emisión de positrones/tomografía computarizada (TEP/TC) durante el tratamiento o después de la finalización del mismo puede ayudar a guiar el tratamiento posterior o la repetición de la biopsia para ciertos linfomas (p. ej., linfoma difuso de linfocitos B grandes [DLBCL]).
Se deben monitorizar las pruebas de laboratorio para el síndrome de lisis tumoral (incluyendo ácido úrico, fosfato, potasio, calcio, urea, creatinina, LDH), especialmente para detectar linfoma de Burkitt.
El seguimiento tras la finalización del tratamiento puede variar según el tipo de LNH. La National Comprehensive Cancer Network (NCCN) suele recomendar que los pacientes con linfoma de linfocitos B tengan un seguimiento cada 3-6 meses durante 5 años y luego anualmente, o según lo clínicamente indicado.[70]
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